Lunes, 1 de julio de 2013

Una de las frutas diarias recomendadas por Luis, mi nutricionista y dietista particular, es el kiwi. Es un aliado para las personas que estamos a dieta, porque aporta muy pocas calorías y es un fruto muy sabroso. Pero lo más importante es que aporta numerosos beneficios a la salud, ya que es rico en vitaminas y minerales.

El kiwi es una fruta muy apreciada por contener mucha vitamina C, pero sus propiedades son mucho mayores, ya que además, es diurético y un colaborador de las personas hipertensas ayudando a controlar su presión. Es un protector de las arterias y los capilares, colaborando también en mantenerlas elásticas.

Como decíamos, su cualidad mayor radica en el elevado contenido de vitamina C. Cien gramos de su pulpa aporta más de 100 miligramos de vitamina C con lo que quedan cubiertas las necesidades diarias de un adulto con el consumo de un kiwi al día. Estos aportes son muy buenos para las personas que tienen sus defensas bajas ayudándolas a prevenir resfriados y gripes. La vitamina C también contribuye a reforzar las defensas y ayuda a proteger las células contra la oxidación.

Contienen actinidina que facilita la digestión y alto contenido en fibra que favorece el tránsito intestinal. Los kiwis favorecen el proceso digestivo, evitan digestiones pesadas, ya que son la única fruta que contiene actinidina, una enzima que ayuda a estimular el proceso digestivo y digerir las proteínas. Al ser ricos en fibra ayudan a regular el tránsito intestinal.

Son fuente natural de ácido fólico (vitamina B9), que resulta especialmente importante para las mujeres que están embarazadas o que desean estarlo, ya que ayuda a formar las células y tejidos del organismo correctamente y a prevenir anomalías en el feto. Tienen bajo índice glucémico por lo que ayudan a prevenir el riesgo de diabetes, sobrepeso y afecciones cardíacas.

El kiwi se come como cualquier otra fruta, quitándole su cáscara y saboreando su pulpa de forma individual o cortado a trocitos para ensaladas de fruta, macedonias, o como ingrediente de tartas u otros postres. Para los chicos, a veces, es un engorro pelarlos porque su cáscara está muy pegada a la pulpa. Por ello una forma ideal de comerlos es partirlo por la mitad con un cuchillo y comer cada una de las dos mitades a cucharadas. La misma cáscara hace de cuenco de la fruta.

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