Sábado, 25 de enero de 2014

Algunas personas han llorado ante sus cuadros. Son célebres sus estilitas solitarios y sus crucifixiones, fruto del tormento que vivió Víctor Mira, un hombre rebelde que huyó de la felicidad por considerarla estéril, que hizo del dolor una filosofía de vida y una fuente de inspiración. Se emocionan al contemplar su obra porque es su propia alma la que están viendo: la soledad, el calvario interior, el dolor y la muerte como lo único cierto e inevitable. “Toda la historia de la humanidad está impregnada de dolor, es una constante”.

Entrevisté A Víctor Mira (Marruecos, 1949-Münich, 2003) en varias ocasiones para Diario 16 Aragón en los años noventa, y es uno de los creadores que más me impresionó y marcó mi vida de periodista. En este artículo comparto alguna de sus afirmaciones, que quizá ayuden a entender mejor su obra, tan íntimamente unida a su vida.

Víctor Mira ha regresado a Zaragoza, la ciudad en la que vivió su infancia y primera juventud, y en la que se formó como artista, a través de su obra, con una sorprendente y excepcional exposición que exhibe hasta el 30 de marzo en el IAACC Pablo Serrano. Se trata de un conjunto de pinturas y dibujos, creados en los años 80, pero que el artista internacional tenía guardados en su estudio en Alemania, una obra “clave” para entender el proceso creativo del autor. Este conjunto artístico (doce cuadros, cinco de ellos de gran formato y todos menos uno inéditos, además de un centenar de dibujos, se exponen bajo el título de “Imaginario”, y llegaron hace año y medio a Zaragoza envueltos en unos rollos en los que “no ponía nada” y que ha resultado ser “uno de los trabajos más interesantes” del artista, según el director de la Galería Zaragoza Gráfica, Pepe Navarro, encargado de catalogar la obra del artista.

De todas ellas, destaca “’Detalle de una marcha”’, una obra excepcional que recuerda al “Guernica” de Picasso y en la que aparecen personajes y símbolos que le servirán a Víctor Mira para crear series posteriores. Esta pintura, de casi cinco metros de largo, creada al óleo, es “la pieza que faltaba para completar el puzzle” de la creación artística de Víctor Mira, según Navarro, ya que realizó entre 1980 y 1981 más de 200 dibujos y bocetos preparatorios de esta obra, que habían sido hallados anteriormente pero se desconocía de qué obra formaban parte. La muestra es clave para entender la obra de Mira, ya que de estas piezas nacen las figuras y la temática que caracteriza la trayectoria del autor y es importante para entender el mundo interior de Mira, desde sus inquietudes hasta obsesiones, reflexiones y sentimientos.

Considerado por la crítica internacional como uno de los grandes creadores del arte español de las últimas décadas del siglo XX en sus distintas facetas como pintor, escultor, fotógrafo, ceramista o escritor, fue galardonado en 2003 como Mejor Artista español vivo en la Feria de Arco. Se le ha llamado provocador, transgresor, excéntrico, visionario, raro, místico, iluminado… yo creo que tan solo fue un hombre obsesionado por explicarse a través del arte y que llegó a las profundidades del ser humano con una obra desgarradora y expresionista , “violentamente espiritual”, como en alguna ocasión señaló el crítico de arte Alejandro J. Ratia.

MiraVíctor Mira se marchó de Zaragoza en 1968, primero a Madrid, luego a Barcelona y, finalmente a Alemania, país en el que residió hasta su trágica muerte, y al que consideraba “el gran mirador de Europa” y que le dio la liberta absoluta para sentirse siempre extranjero y librar su gran batalla con el arte. Sin embargo, Zaragoza ha estado muy presente en sus obras, o bien en sus títulos, “Madre Zaragoza”, o en su contenido, “Suite Aragón”, serie en la que pintó magistralmente el cielo de Zaragoza, al que definió como “mi patria espiritual. Con ese maravilloso color azul, tan presente en su obra, el azul que “significa la paralización del mal y que en la antigüedad era el color que frenaba al diablo”. El azul del cielo de Zaragoza, que le presta su color a cierzo, que se lo lleva todo aunque traiga un poco de locura. Sus alusiones al río Ebro y a las palabras que recordaba de su padre, cuando siendo niño le señaló cruzando el Puente de Piedra “Ahí es donde le duele al Ebro”, hablando de su traumática experiencia en la guerra.

Su obra, un expresionismo fieramente humano, está inspirado en Goya. “Es como si toda mi obra fuese una imitación de la de Goya, de la obra final del genio y de sus grabados. Después de él no ha habido nada hasta ahora. Me interesan sus pinturas negras y su actitud ante la pintura, Una de mis obras está dedicada a él, al Goya altivo y dandy de la chistera, y al Goya solitario que se cio como un perro en el desierto”.

Y su devoción por Buñuel, inspirador de sus estilitas solitarios, que surgieron de “la impresión que me causo su película Simeón en el desierto. También me interesa Gracián. Leo mucho a Gracián”, me contaba. “No creo en Dios, pero soy una persona religiosa y el arte tiene mucho que ver con la religión. Para mí, el pintor es como un santo: ambos buscan la perfección. Me arrodillo y espero hasta que siento que puedo pintar como un ángel. Quiero permanecer en silencio y moverme solo en dirección al cielo azul”.

“Como Buñuel, Víctor Mira es un ateo muy religioso que no duda en echar mano de los símbolos y de las historias del repertorio cristiano para explicarse”, escribía Alicia Murría, sobre su obra, también en los años 90.
¿Por qué la felicidad le resultaba estéril? “Porque cuando el hombre es feliz no necesita hacer nada, solo recrearse en su felicidad. Los momentos más dramáticos y tensos de la vida son los que te ayudan a crear. Como hombre se desea la felicidad, como artista no me interesa y a mí me domina el artista”. Víctor Mira fue un artista transgresor, radical y provocador, sí; pero por encima de todo fue creador honesto y puro, con una obra que emociona y conmueve.

En la última de sus respuestas a la última de mis entrevistas, me dijo: “No me da miedo la muerte, es más, creo que se puede seguir trabajando una vez muerto. Me fascina la visión del más allá como artista. Creo que las mejores obras se hacen siempre después de muerto. Para hacer la gran obra hay que morir. ¿Qué era la sordera de Goya, con las que pintó sus mejores obras? Era la cercanía de la muerte”. Durante años, hasta 2003, he pensado que Víctor Mira se refería a la muerte del hombre para dejar sitio solo al artista. Pero falleció trágica y voluntariamente cuando se arrojó a las vías del tren. Y comencé a dudar.

Referencias de Diario 16 de Aragón:
Víctor Mira: “Me identifico con la vida y el arte a través del dolor, la felicidad es estéril”. Cultura, 26 de enero de 1991.
Victor Mira: “Para hacer la gran obra hay que morir”, Cultura, 15 de abril de 1993

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