Como todas las tardes desde que comenzó el confinamiento, había salido al jardín para dar su paseo diario, teléfono en mano. Cien pasos ida y vuelta, desde la puerta de entrada de casa hasta la valla. 

Salía con el móvil y cada tarde aprovechaba para llamar a los más allegados: su hermano, su tío, sus amigas: Pilar, María, Maricarmen…

Si no, se aburría como una ostra y, como las conversaciones eran largas, pues así al menos se garantizaba media hora mínima de caminata. ¡Cómo echaba de menos ir a andar por las mañanas temprano, entre pinos y confidencias!, una hora que se pasaba en un suspiro. Y cómo añoraba las cenas de los viernes con sus amigas de la urbanización: Ana, Carmen, Elena, Teresa y Rosa.

Aunque tenían un grupo de watshapp con el que se comunicaban a diario y compartían sus rutinas, chistes, canciones, sus pocas novedades, en suma, no las había visto desde hace más de 40 días, una cuarentena de amigas en toda regla.

Esa tarde, estaba terminando su paseo por el jardín, cuando sonó el móvil y aparecieron los rostros de sus amigas. Ella, que solo hacía videollamadas con su hijo mediano, confinado en casa de la novia, no se lo podía creer. Sintió una alegría inmensa y mucha nostalgia, porque no sabía cuándo podrían volver a estar juntas, aunque intuían que ya faltaba menos.

Tardó un poco en buscar el encuadre bueno para que pudieran verla. Se vio en la pantalla. ¡Dios mío, qué pintas llevaba! Unos pelos de rabosa que se salían por la goma de la coleta (ella que nunca se recogía el pelo), las cejas sin depilar, la cara lavada y sin gota de maquillaje y el chándal viejo porque había estado cortando rosas y se enganchaba por todos los setos.

Ellas, en cambio, le pareció que estaban guapísimas, alegres y esperanzadas. Se contaron sus días, al principio un poco atropelladas, y su confianza en que esto pasará pronto y en que el maldito virus las dejará en paz a ellas y a sus familias.  

La conversación terminó pronto o se pasó en un suspiro. “Tenemos que repetirlo”, se dijeron. “Sí, chicas, pero la próxima vez nos avisaremos antes y quedaremos a una hora concreta para que estemos todas preparadas, bien guapas, arregladas y pintadas. Como si fuera una cita”, dijo ella.

Obra de Elías Schulz.

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