Viernes, 19 de abril de 2013

El títere Pelegrín cumple 30 años, tres décadas como el personaje más popular y querido del Teatro Arbolé, desde que esta compañía aragonesa se lo encontrara por esos caminos que transitan los cómicos. Pelegrín es uno más de la compañía. Con él, Arbolé ha llevado el arte de los títeres a su máxima expresión, con un universo muy personal, lleno de tradición y vanguardia, que nunca envejece, y que divierte y fascina a una generación tras otra. Si algún día, Arbolé y Pelegrín actúan en tu barrio o ciudad, no dudes en acudir a verlos. Es un espectáculo para todas las edades, encontrarás en él la esencia del títere, pero también de la condición humana, con su parodia diminuta, grotesca y divertida de la vida.

Pelegrin2A través de Federico García Lorca llegó hasta Arbolé la vieja tradición del teatro de títeres en España. El gran poeta y dramaturgo era un enamorado de estos títeres con los que había convivido en su infancia, y por ello puso toda su creatividad y genialidad al servicio de ellos en un puñado de pequeñas obras que trascendieron desde lo más popular a lo más culto y elevado. Porque Lorca sabía que el guiñol era la expresión de la fantasía del pueblo. El delicioso y duro lenguaje de los muñecos, con expresiones y vocablos que nacen de la tierra, también servía para hacer volar la imaginación, para entrar en el reino de la fantasía, para crear y para hacer arte.

Lamentablemente, en España esa tradición permaneció en el olvido durante más de cincuenta años. Porque el títere es satírico, ridiculiza a los personajes y tipos. Y por ello a veces fue perseguido. Las marionetas cuestionan la realidad, se preguntan por el sentido de la vida y nos muestran sin tapujos la condición humana. Los títeres, con su carácter grotesco y bufonesco se podían tomar la vida a risa, criticar a la sociedad y comentar los acontecimientos. Presentan una parodia grotesca y diminuta de la vida, que no era bien vista en los años del franquismo.

Y así los títeres de cachiporra de Arbolé junto a Pelegrín, como elemento de catarsis, recogen la tradición de lo más popular y resurge con vigor a la llamada del artista pendenciero, pero también del artista implicado en la aventura del saber y de la creación.

“Quien no ama las marionetas no merece vivir”, escribió Lord Byron. Y Francisco Porras, matizó: “En realidad, quien no ama las marionetas no es que no merezca vivir; es que ya está muerto. Quien no se haya dejado seducir alguna vez por la ingenuidad del espectáculo titeril es que nunca ha tenido ilusión, nunca ha estado vivo”.

Para saber más de Pelegrín, del Teatro Arbolé y de los actos conmemorativos que se han organizado para celebrar este 30 cumpleaños, podéis visitar: www.teatroarbole.es

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