Martes, 24 de mayo de 2016


Lo recuerdo así, frente a uno de sus cuadros, pronunciando esta frase: “para mí la pintura es una forma de conocimiento”, aquellas palabras que me dijo hace 24 años, la primera vez que lo entrevisté, y que décadas después escogió para que se plasmasen en las paredes del palacio de La Lonja de Zaragoza, en octubre de 2015, con motivo de la exposición retrospectiva de su obra: “Eduardo Salavera. Segunda mirada”, que tan feliz le hizo y que dedicó a sus compañeros de profesión, de vocación y de vida.

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Eduardo Salavera, en el centro, el día de la inauguración de su exposición retrospectiva en La Lonja.

Salavera marAyer falleció Eduardo Salavera (Zaragoza, 1944), el pintor de la luz y de las emociones, un artista serio, coherente y sincero; un hombre amable y bueno; un maestro del color que ansiaba dar luz a lo más recóndito de las emociones. Por eso me gusta tanto su pintura, porque me impresionan el color de sus cielos y de sus mares, que tanto se identifican con mis estados de ánimo. Su pintura, plena de color, “porque la pintura es fundamentalmente color, es algo anímico que tiene mucho que ver con la personalidad del artista”, aseguraba. Y del que la contempla, afirmo.

La luz y el color tenían una importancia capital para Salavera –el lenguaje del color-, con esos tonos amarillos y azules que eran tan propios de sus pinturas, plasmaciones inconfundibles de la luz. Su excepcional facilidad natural para con el color le hizo, partiendo de la técnica, crear toda suerte de atmósferas, de sensaciones y de vibraciones. Encontró la lúdica relación entre pincelada y color en una pintura visual que abarcó tres grandes temas: la mitología, el paisaje (con o sin figuras humanas) y la música. En su pincelada suelta, en la frontera entre la figuración y la abstracción, son los brochazos de color los que limitan cada una de las formas.

Eduardo Salavera siempre hizo una defensa de la pintura por la pintura, aquella que requiere oficio, seriedad y entrega. Neocubista por las formas y neoimpresionismo por la manera de aplicar la pintura y tomar notas del natural, no le interesaba ser fiel al original, sino las impresiones que de la vida y el paisaje guarda la memoria.

Respecto a esta retrospectiva, en hoyesarte.com se podía leer: “El conjunto de la exposición, que abarca 45 años de la biografía de Salavera, denota y confirma la categoría humana y artística de un pintor que, con tanta perseverancia como discreción, ha llegado a dominar todos los recursos formales, compositivos y cromáticos de un lenguaje plástico tan esencial como diferenciado y riguroso”.

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Las fotos que recoge este artículo pertenecen al día de la inauguración de su retrospectiva. Ese día reunió a numerosos amigos y compañeros en La Lonja. Yo no podía faltar, porque siempre ha sido uno de mis artistas-entrevistados más queridos. Días antes recibí la invitación en un sobre blanco con mi dirección escrita de su puño y letra. Todo un detalle que dice mucho de cómo era. No pude hablar mucho con él, pero le saludé y le di la enhorabuena por la exposición y por toda su obra. Hacía años que no nos veíamos, pero me reconoció al instante y cuando nos dimos dos besos sentí que no habían pasado dos décadas desde nuestro primer encuentro, que él era un pintor joven y apasionado, y yo una periodista que anhelaba que los creadores le contaran cosas del arte y de la vida.

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La primera entrevista que le hice a Eduardo Salavera fue para Diario 16, el 1 de noviembre de 1992.

Más información sobre Eduardo Salavera: http://www.salavera.es/

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